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sábado, 30 de julio de 2011

Crisol de culturas

Su mirada y su sonrisa transmiten una madurez y seguridad impropias de una joven de tan solo veinte años. Nacida en pleno centro de La Habana, de padre murciano y madre cubana, vivió hasta los quince años en la isla caribeña, y a tan temprana edad tuvo el coraje de tomar una difícil decisión: dejar a su madre, al cielo y el mar caribeños, para venirse a vivir a la ciudad de Murcia con su padre, una nueva familia y una nueva cultura mediterráneas.
   Con su corazón dividido entre el sol del Caribe y el sol de Murcia, contando los días que quedan para las Navidades, que es el período en que todos los años vuelve a La Habana para abrazar a su madre y familia cubanas, Celia afronta el día a día con el entusiasmo de una joven que quiere disfrutar al máximo, pero también con la conciencia de que su vida ha sido un poco más dura y compleja, una vida diferente a la de sus amigos con su misma edad.   
   Orgullosa de su doble nacionalidad, de sus dos familias cubana y española, de la cultura y las gentes de ambos países, Celia consigue integrar en su forma de pensar, sentir y actuar, lo mejor de sus dos madres patrias, con la sabiduría de quien es capaz de comprender el enorme potencial y riqueza de la suma de dos culturas hermanas.

martes, 18 de enero de 2011

Inmersos en la Naturaleza

Hace algunos días invité a Susa, una chica alemana que acaba de llegar a Murcia, a conocer algunas de las playas de nuestra Región, a poco más de cuarenta minutos en coche de la ciudad.  Susa nos visitaba con el propósito de decidirse entre varias ofertas para realizar sus prácticas profesionales universitarias  en las ciudades de Londres, Madrid,  Stanford (California) o Murcia. La impresión que obtuviese de Murcia, sus gentes, su clima y alrededores, influiría mucho en su decisión, así que decidí emplearme a fondo como “comisionado de la candidatura de Murcia” para sus inminentes estudios universitarios durante el segundo cuatrimestre del presente curso académico.    
      Llegamos a Cabo de Palos pasadas las dos de la tarde, subimos andando al faro y desde allí pudimos contemplar las magníficas vistas del Mediterráneo rodeándonos por todos lados y del Mar Menor, separado del Mediterráneo por la estrecha franja de tierra que constituye la localidad de La Manga. Pese a estar en pleno invierno, el día era muy apacible, despejado y soleado, con una temperatura en torno a los 18 grados. Yo disfrutaba explicándole a Susa el fenómeno de “los dos mares”, la curiosa circunstancia de que en cualquier punto de La Manga del Mar Menor  conviviesen dos playas naturales, la de una enorme laguna y la del mar Mediterráneo; cuando ella se percató inmediatamente de la disonancia entre la belleza que nos ofrecía la Naturaleza y la desafortunada cantidad de edificios afincados en La Manga, construidos de forma un tanto antiestética y desordenada.   
       − ¿Y todos esos  edificios son hoteles?  –me preguntó  pensando en las inevitables consecuencias de la mal llamada “promoción turística”.
      El comentario de Susa me hizo reflexionar sobre lo que ella buscaba realmente en la playa y decidí cambiar el rumbo hacia uno de los pocos espacios protegidos del litoral murciano: la playa de Calblanque. Una vez dejamos el coche en el parking habilitado para los visitantes, fuimos andando hacia la playa por un sendero perfectamente acotado y nos encontramos  solos frente a la inmensidad del mar, por detrás rodeados de montañas y en lo alto un sol radiante ligeramente suavizado por la estación invernal. Después de correr como niños por la playa, mojarnos con el agua - en absoluto fría-, hacernos fotos mientras saltábamos y no parar de reír y alborotar, el cansancio nos permitió disfrutar todavía más de la Naturaleza, cuando ya sentados en la arena y tras unos minutos de silencio, concentrados tan solo en el sonido y el aroma del viento y el mar, Susa me dijo que no quería irse de allí, que se sentía genial…    
Pd: Después de tres días conociendo Murcia y el programa Paciente Experto en nuestra ciudad, Susa nos escogió como destino para continuar su formación universitaria, curiosamente centrada en la promoción de la salud y el bienestar, a través de la búsqueda de un mayor equilibrio con la Naturaleza.             

viernes, 31 de diciembre de 2010

Dora de Shanghai

Jiaying Tang es el verdadero nombre de Dora, una chica de Shanghai que se dejó caer por mi casa a través de una solicitud de couch (sofá o cama) desde la página web de CouchSurfing, una red social que agrupa a todos los que disfrutamos conociendo a nuevas personas de diferentes nacionalidades, culturas y formas de pensar, y que facilita la organización de encuentros desde para tomar un café hasta para hospedar o ser hospedado gratuitamente en las casas de otros couchsurfers.   
      Recibí un escueto mensaje de Dora explicándome que residía en Valencia, donde estaba aprendiendo español, y que quería pasar unos días en Murcia, con el objetivo de conocer nuestra cultura y también de bailar salsa, que es una de sus aficiones favoritas. Yo le respondí diciéndole que podía hospedarse en mi casa durante tres días y que podría enseñarle Murcia,  además de salir a bailar salsa todas las noches que le apeteciera.             
      El pasado martes sobre las 10 de la mañana nos conocíamos personalmente en la estación de autobuses de Murcia, y a partir de aquí se iniciaba una de esas tantas historias de encuentros personales que conforman la vida, aunque en este caso con la impronta de una mentalidad abierta, tolerante y empática por ambas partes, lo que facilitó que la convivencia funcionase de forma más que satisfactoria.      
      Paseando por Murcia y visitando nuestros edificios más emblemáticos, museos, exposiciones y monumentos -especialmente le gustó la catedral-, Dora se mostraba muy seria, interesada y anotando en su libreta todo aquello que le parecía curioso o relevante para sus conocimientos de nuestra cultura e idioma. Cada vez que yo saludaba a alguien, ella se acercaba con decisión a mis conocidos y les sonreía con un entrañable  y sonoro “¡¡¡HOLA!!!”, que todos ellos celebraban riendo y esperando a que yo les explicase: -Es Dora, de Shanghai, que ha venido a conocer Murcia durante unos días.  
      En casa se conectaba continuamente a internet –los dos en mi salón nos hacíamos compañía, cada uno centrado en su portátil-, cocinábamos juntos: ella, al principio, prefería observar y aprender de “mis dotes culinarias”, pero cuando comprobó mi torpeza frente a las cacerolas y sartenes, no tuvo más remedio que tomar la iniciativa y ser ella misma la que cocinase exquisitos platos que, según me decía, nunca había hecho antes. Nuestras conversaciones eran de lo más variado, pero a mí me interesó especialmente saber de Shanghai, de su vida en la ciudad más poblada de China –ya son 20 millones sus habitantes-, de la relación con sus padres - a los que pude conocer por Skype-, la censura política en el país, su experiencia como estudiante de Ingeniería Ambiental en la Universidad, el carácter y la forma de pensar de los chinos...   
      Pero si todo esto me resultó muy interesante, lo verdaderamente alucinante fue conocer a otra Dora completamente diferente e irreconocible en la pista de baile del Punta Cana, un local de salsa situado en la zona de las Atalayas de Murcia, al que acudimos a bailar el miércoles y el jueves pasadas las 12 de la noche.  Causó tal sensación en la pista, que la sacaron a bailar los mejores bailarines de salsa, cautivados por su técnica, ritmo, movimientos,  su exótico encanto y belleza orientales. Y al micrófono de la sala, mis amigos Javi (DJ Negro) y Elena la anunciaban como ¡¡¡Dora de Shanghai!!!, despertando la curiosidad y atención de los asistentes ante el extraño acontecimiento de “una china” bailando salsa al más alto nivel. 
  
      Hoy viernes, a las 3 de la tarde, nos despedíamos Dora y yo en la estación de autobuses de Murcia con un "hasta siempre", ya que seguiremos en contacto a través de internet y muy probablemente nos veamos de nuevo en Valencia, Murcia o Shanghai. Sin embargo sentí la tristeza de las despedidas, del saber que nunca se volverá a repetir esta pequeña historia de tres días, al menos de la misma forma y con los mismos ingredientes: las emociones del primer encuentro, el inicio y desarrollo de una comunicación con el propósito principal de agradar al otro y disfrutar de su compañía, la búsqueda de afinidades e intereses comunes, empezando por la comida y acabando por las ideas, proyectos o motivaciones más profundas en la vida… Y durante todo este proceso, el inevitable cariño que surge entre las personas cuando la convivencia es gratificante, entrañable, divertida y muy positiva.  
      Hoy viernes, 31 de Diciembre de 2010, despido un nuevo año con la satisfacción de continuar vivo, ilusionado por seguir aprendiendo y compartiendo lo mejor de mí mismo con mis seres más queridos y con muchos otros, que al igual que Dora, también se crucen en mi camino. 
Pd: Si te apetece ver a Dora bailando salsa en Shanghai, durante la fiesta de su 28 cumpleaños, pincha aquí

domingo, 19 de diciembre de 2010

Fiesta de cumpleaños

Ayer celebrábamos el cumpleaños de mi amiga Arantxa de una forma muy especial: todos sus amigos y familiares bailando junto a ella en Lunatic, un local de salsa y música variada situado en las dependencias  de Terra Natura en Murcia. Había tantísima gente en el local, que apenas teníamos espacio para bailar, lo que me llevó a preguntarle en broma a Arantxa si los había invitado a todos, recordándole que siempre podía recurrir a la irrepetible intervención de Lola Flores, cuando en la boda de su hija Lolita espetó a sus invitados con el inolvidable “¡si me queréis, por favor, iiiiiiiiirse!”.  
    Afortunadamente, Arantxa no los había invitado a todos, y avanzada la madrugada, alrededor de las 2, cuando ya sólo quedábamos sus amigos en un ambiente mucho más relajado y cordial, surgió el esperado ritual: sonaba la salsa Tu cumpleaños de Willy Chirino y muchos de sus amigos, cogidos de la mano en un círculo y girando al ritmo de la música, la invitábamos a bailar salsa en el centro con uno de nosotros, y a continuación con todos y cada uno de los chicos, que nos íbamos turnando con la habitual elegancia, estilo y ritmo salseros.  
    De la misma forma que ocurre con la tradición de apagar velas en una tarta o de cantar el tradicional “Cumpleaños Feliz”, en algún momento de la “historia”, algún bailarín de salsa propuso celebrar los cumpleaños con el bonito homenaje que supone ser invitado a bailar por cada uno de tus amigos y conocidos, en el centro de la pista, con la atención,  admiración y el cariño de todos.  Fue una brillante idea, porque este sencillo ritual, que se repite día tras día en la mayoría de locales de salsa del mundo - yo lo he visto en Murcia, Cartagena, Los Alcázares, La Manga, Alicante, Madrid y hasta en Dublín…-,  crea un importante lazo de identidad que a todos los que bailamos salsa nos hace sentir como una gran familia, sin distinción de razas, creencias o nacionalidades, y con la pasión compartida que supone saborear, sentir, disfrutar y compartir bailando los ritmos de la salsa, la bachata, el merengue o el cha-cha-chá.    
   Muchas gracias, Arantxa, por invitarme a tu cumpleaños y te deseo que nunca dejes de bailar salsa, para que puedas seguir cumpliendo años en este ambiente tan sano, gratificante, rítmico y cordial :)

Pd: Mi amiga Dora me envía este vídeo con la celebración de su 28 cumpleaños en Shangai. Aunque suena otra salsa de cumpleaños diferente a la de Willy Chirino y los bailarines no forman ningún corro, por lo demás es muy similar a lo que relato en el post.